ads
Unknown SABER AMAR Aún recuerdo aquel día en el que intenté dar mis primeros pasos, como también el momento de aquel raro 13 de Diciembre del año 1998 en que t... 5

SABER AMAR




Aún recuerdo aquel día en el que intenté dar mis primeros pasos, como también el momento de aquel raro 13 de Diciembre del año 1998 en que todos se ubicaban muy cerca del televisor, con una mochila de nervios cargada sobre la espalda, y varias líneas verticales pintando el corazón. El sudor caía azul mientras que la esperanza era grana, y los gritos acompañados por los cantos eran quienes unían estos colores, formando una sola pasión. Algo tenía ese día que lo diferenciaba, por algún motivo, de los demás que había vivido con tal prematura edad. Silenciosa, continué observando.
De repente, un cúmulo de miradas perdidas en el aire, me rodeó. Presentando dudas, todos se observaron entre sí, como si no estuviesen seguros de qué iba a pasar, cuando de la pantalla se susurró el nombre de un nuevo jugador; un juvenil que debutaba en Primera, intentando lucirse con tan solo diecisiete años de edad, quien con su pie diestro hacía caminar el balón, con sus pícaras jugadas engañó a todos sus contrincantes, con sus gambetas logró enfadar a varios defensores de jerarquía, y darle más que solo una alegría a su público con su magia. Nada se imponía en su camino. Con el tiempo, se fue pegando a su corazón, el número diez, acompañado de goles, logros y el talento que nunca lo abandonó.
Sufrí sus lesiones, lloré su partida. Sollocé en silencio, cuando rechazó varias veces la oportunidad de volver al club, creyendo que jamás iba a volver y no iba a poder cumplir mis sueños más importantes que se adherían a su presencia. Pero él jamás me decepcionó.
Aquel chico de Villa Soldati, que retornó en el 2009 con nosotros, despertando tan solo expectativas y reafirmando mis sueños, volvió repleto de responsabilidad y dignidad, respecto aquel niño que jugaba a la pelota en el 2001.
Es cierto que pasaron diez años desde ese momento, y pesan, pero él nunca dejó de brillar.
Siempre estuvo ahí, iluminando el camino, demostrando que todo es posible, y en el medio de tanta mediocridad, logró marcar la diferencia, aún cuando todos lo creían vencido, porque si hay algo que él nunca hará es rendirse.
Y nadie podrá borrarlo de mi mente, si es que en algún momento decide no estar más con nosotros, ya que su camiseta le quedará grande a cualquiera que se atreva a usarla, y su lugar vacío será un gran hueco en nuestro corazón, llevando con él, la luz del sol.
Tantas cosas por decir, que no puedo escribir… no existen las palabras justas para describirlo como corresponde, porque él es único.
Y si bien ya tiene treinta años y en sus planes está viajar, lo estaré esperando, día y noche sin poder dormir, sabiendo que volverá a nosotros la única persona que tanto admiro en mi vida. Esperando ansiosamente el día en que vuelva atravesar la gran puerta, por la única que él puede retirarse, porque es sinónimo de grandeza, sabiendo que nunca nos va a dejar, mientras su corazón siga palpitando cerca del escudo.
Aquel amor que nació hace más de diez años, y que día a día va acrecentando es posible gracias a la existencia de una sola persona. ¡¿Quién otro que Leandro Atilio Romagnoli?!

Por Giuliana Pasquali

Related Posts On Ídolo de corazón


Copyright © Tattoo Russian

Sponsored By: Tattoo Russian Template By: Free Blogger Templates